La evaluación: el terror docente
- elaulaabierta
- 28 nov 2025
- 2 Min. de lectura
Hay palabras que activan el modo “alerta máxima” en cualquier profesor.
Y una de ellas (posiblemente la más poderosa) es EVALUACIÓN.
Porque sí, hablamos mucho de metodologías activas, de aprendizaje cooperativo, de aula abierta, de neuroeducación… pero cuando se acerca el final de trimestre, el ambiente en los pasillos huele a cafés fríos, correcciones infinitas y estrés académico nivel “Final boss”.
Respira. No estás solo/a.
Si para ti también empieza “la época oscura”, esta entrada es para ti.
El sprint final que nadie te contó
Al principio del trimestre todo va bien:
– Planificación al día
– Correcciones al ritmo correcto
– Energía emocional casi al 100%
Pero, de repente, se multiplican las entregas, aparecen revisiones pendientes, las plataformas no cargan, el calendario te recuerda que quedan 48 horas para cerrar nota...
Y tú te preguntas:
“¿En qué momento pasé de sentirme persona a convertirme en gestor de expedientes?”
El estrés real del final de evaluación
Hay algo que pocas veces se dice en voz alta: evaluar es cansado, emocional y mentalmente.
Porque no es solo poner una nota.
Es reflexionar sobre el proceso, el esfuerzo, el contexto del alumno, lo que ha funcionado y lo que no, la responsabilidad que implica cada decisión...
Y eso pesa.
Pesa mucho.
El final de evaluación remueve, exige y nos coloca ante una montaña de tareas que parecen no acabar nunca.
Y mientras tanto, tratamos de mantener la calma en clase, cumplir con burocracias y seguir siendo "docentes zen".
El momento crítico: cerrar nota
Ese instante en el que miras la pantalla y repites mentalmente:
“Que no haya errores. Que todo suba bien. Que la plataforma no se bloquee. Por favor, universo, pórtate bien.”
Cada clic es un microinfarto.
Cada porcentaje, un sudoku emocional.
Cada alumno, un mundo.
Y tú, intentando ser justo, coherente, riguroso y humano al mismo tiempo. Una misión casi épica.
Respira, lo haces bien (aunque no te lo parezca)
A veces se nos olvida lo principal:
La evaluación no es un castigo.
No es un examen para ti.
No define tu valor como docente.
Es solo una parte intensa del proceso educativo.
Y tú la estás afrontando como puedes: con profesionalidad, con dudas, con criterio y con humanidad.
Que es exactamente como debería hacerse.
Y después del caos… llega la calma
Cuando entregas las notas, algo dentro respira.
Te das cuenta de que lo has conseguido una vez más.
Que has acompañado, guiado, sostenido y evaluado a decenas de alumnos mientras intentabas mantener tu propio equilibrio.
Eres docente.
Y los docentes tenemos una capacidad increíble para sobrevivir a tormentas sin perder la vocación.
Y aunque la evaluación a veces parezca “el terror docente”, lo cierto es que detrás de ese miedo hay un corazón que se preocupa, que observa, que acompaña y que quiere lo mejor para su alumnado.
Y eso, aunque no salga en el boletín de notas, vale muchísimo más.


Comentarios